EL TOREO
Por: Héctor Guisa
       
     

La tauromaquia es algo que despierta pasión. Y esa pasión hace que los afines a asistir a este tipo de espectáculos se reúnan, comenten, estudien, se vanaglorien de sus conocimientos de la historia y de los personajes principales de su fiesta brava, los toreros.

El toreo es una barbaridad que se viste de color, de bebidas embriagantes, de música, y hasta de un lenguaje particular, con el que fácilmente se atrae al ignorante, al villamelón que queda cautivado y se vuelve taurino.

¿Y qué son los “villamelones”? Los villamelones son aquellos individuos que aún se están incorporando a la fiesta brava pero que no dominan los nombres de las suertes ni la terminología en general. Por ejemplo, parte de las actividades de la concurrencia en la denominada fiesta brava, consiste en llevar una bota de vino tinto y como tradición la van rolando entre los amigos para ver qué tan bien saben beber de ella estirando por completo el brazo y que el chorro llegue directo a la garganta. El villamelón también puede ser un aficionado frecuente que toma la fiesta como una simple diversión, es decir, aquel que por la mañana va al fútbol y por la tarde a los toros: es una persona ordinaria y vulgar que al estar dentro del ambiente taurino se siente feliz al estar codo con codo con la autodenominada “gente bonita”. Este tipo de individuos se sienten absurdamente realizados al mezclarse, al menos un rato, con el artista famoso, el periodista y el político poderoso. Se embriagan no sólo con la bebida, sino con la música, el colorido, las mujeres guapas y el ambiente de fiesta. Es este ambiente el que da la cohesión y la fuerza para lanzar gritos y hasta prendas al torero cuando realiza alguna faena que ellos consideran espectacular. Hay incluso aquellos que, excitados al límite, se vuelcan al ruedo cuando se otorgan orejas y rabo para cargar al torero que realizó la gran faena y le dan la vuelta al ruedo en hombros. Es decir, este es un sitio de reunión totalmente democrático.

Por otra parte están los “conocedores”, los taurinos. El taurino está colocado en ámbitos importantes de la vida nacional, de la política (“político” es, las más de las veces, sinónimo de “taurófilo”), de la iglesia (créanlo o no, los mismos sacerdotes bendicen los instrumentos de tortura empleados en los toros), de los negocios (como muestra, basta un botón: la Feria del Novillero que patrocina Slim), y no hay que dejar a un lado a Televisa (quienes son los mecenas de la tauromaquia) e incluso al canal 11, que a pesar de caracterizarse como vanguardista y cultural, no falta jamás su tristemente célebre programa Toros y toreros. Aunado a lo anterior, están las ciencias y las artes, ¿cómo está eso? Porque esto es llamado aberrantemente folklore nacional que se ha heredado hace mas de 500 años... pura influencia española, no nacional.Ahí tenemos entonces dentro de la corrida de toros a los "intelectuales", quienes presumen de su sapiencia en lo propio y en las suertes con el capote.

Los proteccionistas animales y la gente sensible y racional, por otro lado, nos ofendemos por la barbarie y  canalizamos nuestra indignación hacia nuestras vísceras para llorar por el pobre toro, para desear que se acabe algo que esta institucionalizado casi tanto  como el fervor a la Virgen o el amor a la Patria.

Pero hasta el momento pareciera no haber grupo proteccionista alguno que se reúna a estudiar la tauromaquia con excepción de la Sra. Ema Saldaña.

¿Estudiar la tortura a que son sometidos los toros? ¿Pero cómo es posible esto? La explicación es sencilla y a más de uno le ha pasado: cuando se le reclama a un taurófilo acerca de la violencia de las corridas, del abuso y la crueldad en contra de los toros, ellos con toda tranquilidad dicen: “sí, acepto que es cruel”. Así de simple. Y con esta salida fácil nos desarman. Se nos terminan los argumentos y quedamos como plañideras chillonas, ignorantes e impotentes, incapaces de sostener con conocimiento una discusión del porqué debe de eliminarse esta aberración anticultural en pleno siglo XXI. Una razón más por la cual la tauromaquia es aceptada con tanta facilidad e indolencia por parte de la sociedad, es gracias a los medios masivos: ¿se han dado cuenta de todo el tiempo aire que se le da a las corridas de toros y a la tauromaquia en los medios electrónicos e impresos? Cientos de horas por semana en radio, TV, periódicos, revistas, etc. , incluyendo muchos programas de teléfono abierto.

¿Saben cuantos antitaurinos hablamos a todos y cada uno de los programas, a las estaciones de radio, canales de TV, periódicos, editoras etc. para protestar? Casi ninguno. Y cuando sale al aire una opinión en contra, los locutores la exponen con candidez como si fuéramos incapacitados mentales para exteriorizar un disgusto contra algo nacionalizado. Siempre se me ha ocurrido pensar en cuanta gente entra a las corridas y en cuanta queda afuera de las plazas. Piensen la enorme diferencia.

Aunque este tema sea tan álgido y rebase nuestra comprensión y aplaste nuestra sensibilidad y cordura la crueldad a que son sometidos los toros en las corridas, no debemos cerrar los ojos. Lo que falta es educarnos, prepararnos en el tema de los toros, ser unos expertos. Todo esto es la estrategia de conocer al enemigo para derrotarlo en su propio terreno. Llevar el mensaje serio con pleno conocimiento de causa siendo células antitaurinas que se midan con quien sea y den razones de mayor peso que las que dan los inmersos en la barbarie.

Esto implica el leer a autores tales como Leonardo Díaz, el llamado “joven viejo” quien escribió un libro titulado Fiesta de Sangre, donde se exponen lo que no se ve de la fiesta brava. La misma Sra. Saldaña, quien está al frente de la asociación para evitar la crueldad contra los animales, es otra erudita en el tema. También hay que mencionar a otra persona reconocida en el medio veterinario universitario, el Dr. Pedro Cano, quien también es antitaurino y se ha especializado en curar a los toros indultados. Él ha visto cara a cara cómo es destrozado un toro por dentro y por fuera, ¿podría cualquier taurino o villamelón estúpido rebatirle acerca de la barbarie que significan las corridas de toros?

Por otra parte, nosotros, amantes de los animales, por influencia cultural empleamos términos taurinos que son dichos sin reparar en que con ello continuamos con la tradición. Así es que ante un problema, “tomamos al toro por los cuernos”, o si triunfamos, “partimos plaza”, o deseamos “buena tarde”, o “toreamos” autos al cruzar la calle, o “le damos la puntilla”, etc. Aún cuando llegamos a usar cotidianamente tales expresiones, sería mejor descalificarlas y expresar nuestra idea en términos distintos. 

Debemos entonces no sólo estar informados, sino el eliminar poco a poco pero de forma definitiva esta absurda crueldad hacia los toros, borrando incluso de nuestro vocabulario los términos alusivos a esa “fiesta”. Recordemos: sólo alguien desquiciado y enfermo disfruta y goza ver torturar a un animal hasta la muerte.

       
 
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