
El
Perro Criollo
Por: Dr. Héctor Guisa
Cuando
decimos que el perro que va pasando es mestizo y señalamos con el dedito
índice al animal callejero que se cruza en nuestro camino, pocas veces
nos percatamos que los otro cuatro dedos de esa misma mano nos señalan
a nosotros mismos.
Nuestra gloriosa nacionalidad es fruto de un mestizaje multirracial, que ha
dado por resultado a todos y cada uno de los mexicanos que deambulamos por
este bello pero inculto país.
Antes de perder de vista al perro, hagamos una reflexión acerca de
las ventajas o desventajas que tiene el ser criollo o sin raza pura, y del
beneficio que puede traer a nuestra vida el adoptar a ese ser como mascota.
El perro desciende de antecesores lobos que en algún momento se unieron
a la naciente especie homínida y quisieron vivir una romántica
simbiosis en las que unos alimentaban, y los otros brindaban protección
y compañía.
A partir de ese momento quedó marcado el destino del animal que conocemos
como perro. Mientras tanto, el cerebro del homo se fue haciendo más
complejo hasta ganar el apelativo de sapiens y entre otras cosas determinó
que el perro tenía cualidades que podían ser aprovechadas para
beneficio de sí mismo y de su tribu o clan.
Hoy
en día, el perro en ciertos estratos sociales ha llegado a ser un símbolo
del estatus y del prestigio o éxito que el propietario ha logrado en
su vida materialista. Gracias a ese impulso de poseer lo mejor de lo mejor,
es que la industria del perro ha tenido tanto auge en los últimos veinte
años. Las grandes corporaciones publicitarias han creado entre los
consumidores económicamente pudientes, la necesidad de poseer un buen
perro. Esto aunado a la moda del cine y la televisión de pronto lanza
a la cima de la popularidad a determinada raza canina, felina, e incluso exótica,
que por emular lo más actual, todos deseamos poseer.
Pero para el grueso de la población que no se puede dar el lujo de
adquirir un perro de varios miles de pesos, y con la tradición ancestral
de la convivencia en el hogar con animales domésticos, la abundancia
de perros sin dueño, pone al alcance de todos los amantes responsables
de animales la opción de adoptar un perro criollo, el tan conocido
y tristemente famoso perro callejero.

Estadísticamente
hablando, el adoptar un perro callejero para un gran porcentaje de adquirientes
es una experiencia altamente gratificante. Son perros de gran variedad de
formas y tamaños, pelajes multicolores, temperamentos asustadizos que
a cambio muestran en su expresión una gratitud que te parte el alma
de pensar cómo pudo haber vivido hasta el día en que llegaste
para hacerlo tuyo. Son la bondad en cuatro patas. Tienen una facilidad impresionante
para adaptarse a tu ambiente, que rápidamente lo reconocen como suyo.
Son de una inteligencia superior a los perros manejados en criadero, porque
la vida les enseñó a estar alertas siempre, ya que un descuido
era sinónimo de dolor intenso, mutilación, o peligro de muerte.
Ese nivel de angustia en el que vivieron desde que nacieron, parece esfumarse
cuando sienten nuestro amor y cariño en la seguridad de nuestra casa.
No hay nada que conmueva más el corazón del amante de los animales
que ver al perro criollo que adoptamos dormir plácidamente porque confía
plenamente en nosotros. Pienso que los elegidos para cumplir con la misión
de privarles del sufrimiento a los perros criollos somos afortunados, y tenemos
la obligación de promover que pronto no exista un animal más
en estas condiciones. Así, solamente así nos podremos enorgullecer
de nuestra calidad humana.
Tu mejor opción, es la adopción: adopciones@alrescate.org
![]() |