LA
HISTORIA DE COSITA (MI PERRUCHIS)
Había una vez una chica que deseaba tener un perrito. Después
de hacer ardua labor de convencimiento por fin tuvo permiso de su
familia (¡qué emoción!). Ahora, ¿dónde
iba a conseguir un perro? ¿En una tienda? No. ¿Esperar
a que la mascota de un amigo tenga cachorros? Tampoco: ya hay muchos
perritos abandonados así que ¿por qué no ADOPTAR
uno? Como esta chica era un poquito aficionada a internet,
en una de tantas encontró una comuna: http://mx.groups.yahoo.com/group/alrescateperruno/
La chica mandó un mensaje exponiendo su triste caso: "¡Hola!
yo sólo soy una pobre niña triste y solitaria que desea
adoptar un perrito. ¿Qué tengo que hacer?" Varios
voluntarios se pusieron en contacto con esta niña y así
comenzó todo. Un día me propusieron ir a ver una camada,
ya que los dueños de la casa dijeron que si no los colocaban,
los iban a DORMIR. ¿Cómo pueden ser tan crueles?
se dijo esta chica, ¡yo puedo darle hogar aunque sea a
UNO!
Se trataba de una perrita preñada que entró a una casa
para tener ahí a sus cachorros. Ellos eran cinco bolas de pelo,
diminutos ("no van a crecer mucho", me dijeron), de un mes
de edad y todos de distintos colores (¿sabían que una
camada puede ser de distintos papás?): un güerito tipo
shar-pei, una negrita entre french y cocker, y tres cachorritas de
color café con cara de mapache. Ajenos a su humilde origen,
todos estaban felices de la vida en una caja de cartón y totalmente
atentos a las visitas, con excepción de una que parecía
ser la más latosa de todas porque le estaba mordiendo el rabo
a su hermanito. En ese momento la chica se dijo ¡esa latosa
es para mí!
Así fue como apareció la PERRUCHIS, bautizada como CoSiTa,
ya que para esta chica loca era "la cosita más linda del
mundo". Nació el 6 de Noviembre de 2002 y fue felizmente
adoptada el 5 de Diciembre de ese año.
Cosita inspiró a un amigo a escribir un artículo ("Está
perrón"), que apareció en una revista sobre su
adopción y sobre la asociación de CAESPA, A. C. (antes
Al Rescate Perruno), que son dueños de la comuna antes mencionada
y que son un grupo de voluntarios que con dinero de donativos o generalmente
de su bolsillo, ayudan a animalitos encontrados en la calle, enfermos
o atropellados o abandonados, los promueven (como a Cosita) para ser
adoptados y a la vez educan y concientizan a otros (como a la chica
loca del relato) para que cuiden a otros perruchines como Cosita y
que no sean abandonados. Gracias a la maravilla que es internet pueden
ponerse en contacto con personas interesadas en adoptar un perrito
y darle una segunda oportunidad.
Cosita agradece a CAESPA-ARP porque hoy es una perrita LOCA y silvestre...
¡pero contenta! Esta chica loquita les agradece muchísimo
y también a todos aquellos que están leyendo esta historia.
Al igual que yo, ojalá y se animen a adoptar.
*Gina Halliwell*
P. D. Como verán en las fotos, eso de "no va a crecer
mucho"... Pero es lo de menos. |
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BONNI, LA PERRITA VALIENTE
Llegó al mundo en mayo del 2001 y fue la única cachorra
casi idéntica a Gotita, su mamá. Ella es lo que en El
Salvador llamamos perros aguacateros (criollos). Mi abuelita,
la dueña de Gotita, buscó hogares a sus hermanos y decidió
darle a mi mamá esta hermosa perrita blanca con manchas cafés.
Y así fue como llegó a nuestra casa en donde mi mamá
la bautizó como Bonni (bonita). Ahí vivían
con nosotros Luxor, mi enorme consentido perro, mezcla de boxer con
stafford, de 8 años de edad, y Pequi (pequeñita),
una diminuta French Poodle de 6 años. Fue casi instantáneo
el amor que le nació a Bonni por mi gran Luxor y como toda
cachorrita, con frecuencia jugaba y lo mordisqueaba, mientras él
era paciente con ella. Cuando se cansaba, un ladrido y gruñido
bastaban para quitársela de encima
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Es
importante que mencione que Luxor nunca peleó con Pequi cuando ésta
llegó a la casa después de él (a decir verdad, ella
nunca le dio motivos). Pero Bonni era tan inquieta que comenzó a
perder la paciencia, hasta que sucedió lo inevitable.
El 9 de agosto de 2004, mientras mi papá cenaba, cometió el
grave error de lanzarle comida a Luxor y Bonni se le acercó; al creer
que le quitaría su comida la agredió, sin realmente dañarla,
ya que ella logró refugiarse bajo un mueble donde Luxor no la pudo
alcanzar.
Sin
embargo, creo que no vimos venir la tragedia.
Al día siguiente, mi mamá se quedó sola en la casa
y con el grandote afuera se aseguró que no se le acercara a la
pequeña Bonni, pero cuando tocaron a la puerta y ella abrió,
Bonni asomó la cabeza y al ver a su atacante de la noche anterior,
chilló asustada y él (no logro explicarme aún ahora
ya que en verdad es un perro muy tranquilo y noble), se volvió
contra ella nuevamente e hizo lo que hasta el día de hoy desearía
jamás lo hubiera hecho: con su enorme hocico logró agarrarla
y herirla seriamente, y sólo hasta que mi mamá le arrojó
agua, logró que la soltara e inmediatamente la llevó al
veterinario más cercano. Este médico no la revisó
correctamente y se aventuró a decir que como tenía un pulmón
perforado, lo mejor era sacrificarla.
El
corazón de mi mamá le indicó que buscara otro médico,
ya que al ver los enormes y suplicantes ojos negros de Bonni, buscó
una segunda opinión, una segunda oportunidad a nuestra perrita.
La llevó entonces con una veterinaria, quien le aclaró que
de tener perforado el pulmón ya habría muerto, así
que la eutanasia, habría sido un error. La examinó y si
bien las heridas eran profundas, podían sanar. Lamentablemente
se concentraron tanto en las heridas, que un diagnóstico equivocado
reflejó una fractura en la cadera y costillas, por lo que la recuperación
de la cachorrita sería lenta.
Sobra decir que pasamos semanas enteras curando sus heridas, ayudándola
a comer y a darse vuelta, lo cual era un terrible calvario para ella y
para nosotros al verla sufrir de dolor por su costillita fracturada
sin saber que lo que realmente estaba fracturado era su columnita. Su
empeño por sobrevivir nos impacta cada vez que recordamos por todo
esto que pasó.
Cuando las heridas sanaron, nos dimos cuenta que sus patitas traseras
no le respondían
nuestra pequeñita había quedado
inválida. Mi dolor era doble, al verla arrastrarse y al ver a mi
arrepentido Luxor, constantemente castigado por lo que había hecho,
como si ni él mismo supiera explicar lo que le pasó aquel
día.
La doctora que logró salvarle la vida nos comentó que había
sillas de ruedas para perritos, sin embargo, en mi país es tan
raro que la gente se preocupe a ese grado por sus mascotas
y la
mayoría, aunque les duela, optan por dormirlas al no poder encontrar
los recursos y al no soportar ver a sus queridos animales inmovilizados.
Necesitaba yo encontrar dónde podía comprar una silla de
ruedas para Bonni. Busqué en internet y fue así que me incorporé
al foro animalista de Al Rescate Perruno, esperando encontrar ayuda para
mi perrita. Por fortuna, ahí conocí al MVZ Héctor
Guisa, quien me dio la dirección de un web site donde podía
comprar una silla de ruedas para mi perrita.
Apretando un poco el presupuesto, decidí que de regalo de navidad,
mi mascotita tendría su silla de ruedas y mi novio decidió
que cooperaríamos juntos.
Ese quizá ha sido el mejor regalo de navidad que yo haya podido
dar: deberían verla ahora, correr y jugar libremente por toda la
casa, mirarnos con esos enormes ojos agradeciéndonos por la oportunidad
de vivir que le dimos y agradeciendo doblemente no sólo por luchar
por su vida, sino por mejorar la calidad de la misma con su silla de ruedas.
Es impresionante lo rápido que se adaptó a esta, ya que
bastaron unas horas para que aprendiera a usarla y comprendiera que ese
aparato la ayudaría a moverse.
Esta es la historia de mi Bonni, mi Perrita Valiente, que con su fuerza
y su voluntad nos ha enseñado tanto
es por eso que siempre
debemos creer que las cosas pasan por una razón y debemos sacar
lección de todo aquello que vivimos y esa pequeña perrita,
cada día nos enseña a mi familia y a mí que los animalitos
merecen todo lo bueno que podamos hacer por ellos, porque la recompensa
de su amor incondicional es más que suficiente. Gracias también
a CAESPA-ARP por haberme ayudado. Carito Girón.
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