Día de Muertos: Recordando a los que se han ido
Por: Mayra Cabrera

       
 

• Nuestra herencia Prehispánica

• El Xolozcuintle: un amigo fiel

• Nuestros Amigos Finitos

• Por los que se han ido

• Como superar la pérdida

• Nuestros Amigos Infinitos

Un Tributo

 

Una tradición que no muere.

Una vez más está por celebrarse una fecha importante en muchos países. Se trata del Día de Muertos. Aunque esta festividad varía de lugar en lugar y en países de occidente tiene más que ver con fiestas, niños disfrazados de brujas, momias, esqueletos, vampiros, diablos, etc., pidiendo dulces (el llamado Halloween, al que no somos ajenos y que incluso hemos adoptado), en México, por ejemplo, suele decirse, que los mexicanos nos reímos de la Muerte, ya que la caracterizamos como la famosa Catrina, vestida con ropas lujosas en vez de usar capuchón y guadaña, o porque se acostumbra escribir “calaveras”, que son versos octosílabos en los que uno se mofa de la Muerte y en los que es válido reírse de uno mismo o de otros al describir poética y satíricamente cómo nos llevará la Catrina.

Pero hay otra parte de esta tradición que, aún cuando se ha perdido un poco, sigue manteniéndose y que, si se vale la expresión, se resiste a morir. Es la parte de recogimiento y reflexión con que recordamos a nuestros seres queridos que se nos han adelantado. En países como Argentina y México se les recuerda en esas fechas y se realizan misas y rezos pidiendo por su descanso eterno; se visitan los panteones, se les lleva flores y se les recuerda.

     
 

 

Nuestra herencia prehispánica.

En la cultura mexica, la muerte significaba ir hacia el encuentro con los Señores Sagrados, los que dirigían al mundo y su destino, y era posible que las almas del Mictlán regresaran al mundo de los vivos. Se adornaba el Xocotl, un madero especial y a su alrededor se colocaba comida, bebida, flores y juguetes de hueso o de barro, tradición que se ha conservado hasta nuestros días.

En México, el día 31 de octubre se acostumbra poner un altar con un mantel adornado con papel picado, se colocan velas para iluminar el camino del difunto y en algunos lugares se esparcen pétalos de cempasúchil que van desde la entrada de la casa hasta el altar, para guiar al alma hasta la ofrenda en su nombre. En ella debe haber otros elementos importantes, como son: el agua (la fuente de vida para mitigar su sed después del largo viaje), la sal (elemento de purificación para que el cuerpo no se corrompa), un cirio (simboliza la luz, la fe, la esperanza y el amor eterno), copal o incienso (elemento que llama a la oración), flores de cempasúchil, pan de muerto y otros alimentos preferidos por el difunto. El día primero de noviembre se festeja a los niños y a los santos y el día dos se festeja a los adultos. También se acostumbra colocar (tradición del sureste mexicano), una vela especial para el “ánima-sola”, esto es, una luz para aquellas personas fallecidas y que no tienen quien les rece o se acuerde de ellos.

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A Balú, quien nos cuida siempre.
 

El Xolozcuintle: un amigo fiel.

Pero hay otro elemento importante en esta celebración, y es el perro (Xolozcuintle). Se creía que las almas, antes de llegar al Mictlán, debían atravesar un río llamado Chiconahuapan y era este perro el único que podía ayudarles a pasarlo.

Ahora que se ha mencionado no sólo el origen de esta tradición, sino también el importante papel que jugaba el perro en la cultura prehispánica de honrar a los muertos, creo que es muy válido no sólo honrar a los seres queridos que se nos han adelantado, sino también a nuestros amigos animales que ya no están más en este mundo. Habrá quienes piensen que esto es impropio, pero no lo es. No sólo por experiencia propia, sino al leer los testimonios de todos aquellos que abrieron su corazón y sus recuerdos para contar sobre aquellos animalitos que compartieron su vida y que dejaron esta existencia en medio de circunstancias muy variadas, saben perfectamente de la huella que sus animalitos han impreso en sus almas y también del gran vacío y dolor que produce su ausencia.

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A Claus, fiel compañera de lainfancia. A Candy, nunca te olvidaré.
 

Nuestros amigos finitos

Es un hecho que nuestras mascotas viven menos que uno, y aún cuando hayan tenido una vida larga, esta pocas veces se extiende más allá de los 14 o 15 años. Es difícil aceptar que nuestro amigo, que nos ha acompañado durante nuestra infancia, adolescencia y juventud, vaya deteriorándose mientras nosotros ganamos vida. Es cuando nuestra mascota simboliza una etapa que irremediablemente se ha cerrado y a la que sabemos que no tendremos más acceso mas que mediante nuestros recuerdos.

Por otra parte, están aquellos que han partido mediante circunstancias trágicas y repentinas, y es una situación tan vívida y traumática (sobre todo si estuvimos presentes cuando eso ocurrió) que suele acompañarse por un sentimiento de culpa que parece no acabar. También están aquellos que han sucumbido ante una enfermedad y que suele ser tan devastadora y desgastante que nosotros nos sentimos impotentes al no poder hacer más por ellos.

Existe también, aunada a las anteriores, la muerte por eutanasia, una de las experiencias más difíciles. Es cuando hay que tomar la tan difícil decisión de “dormir” a nuestro amigo de tantas jornadas, porque ya se agotaron todas las alternativas posibles, porque su sufrimiento es evidente y porque ya nada podrá ser como antes. Se elige entonces el momento (o el momento lo elige a uno) y se suministra el calmante y la inyección letal. Unos cuantos minutos más tarde, después de un suave estremecimiento, nuestro amigo parte y nos deja en medio del llanto y la desolación.

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“Ánima-Sola“, por todos
aquellos animalitos solos.

 

Por los que se han ido

Hubo testimonios en los que recordaban perfectamente a sus mascotas de infancia y muchos otros que aún les dolía recordarlas, a pesar de que su partida ocurriera varios años atrás. Hubo quien se sentía aún atormentado al recordar a su perrita que fue arrebatada de sus brazos porque debido a un lamentable accidente decidieron sacrificarla. La culpa también puede estar presente, tal es el caso del testimonio de una persona cuyo perro murió de tristeza al no poder llevarlo consigo a otra ciudad. Cada uno de los testimonios es único y especial, ya que cada animalito que pasó por sus vidas así lo era.

Rememorando las tradiciones ya mencionadas, podemos entonces poner un pequeño altar dedicado a nuestros amigos animales fallecidos (hubo dos personas que mencionaron acostumbrar hacer esto). Si nuestra familia suele hacerlo, podemos incluir la fotografía de nuestra (s) mascota (s), y si esto ocasiona alguna desavenencia, podemos hacer otro altar aparte o al menos colocar una vela (veladora) que simbolice a nuestro animalito. Se colocaría entonces un platito con comida para nuestra mascota y alguno de sus juguetes.

También se aconsejaría colocar una vela para el “ánima-sola”: aquellos animalitos sin dueño que han fallecido o aquellos que fueron abandonados o los que han muerto en circunstancias trágicas y que nadie los recuerda.

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A Roger mi gatito de la infancia, a Canela mi perrita.
Para Linda, por lo importante que fuiste para mi.


Canela
20/09/89 – 01/03/00
No existen palabras
Con qué describirte,
No tengo una musa,
para escribirte,
pero aún así te escribo,
a ti, la inspiración de mi vida.
Admiro en ti la gracia que existe,
La fuerza de tu alma, tu fidelidad
y nobleza,
¡Tanta cualidad tan bella!
¡Tan contrastante con el mundo
que rodea!
Amo el color de tus canelos ojos,
Tus cabellos brillantes y sedosos,
Y sé que no importa donde esté
tu recuerdo en mi yo llevaré.

 

Cómo superar la pérdida

En muchos casos, es algo difícil de superar, al menos al inicio. Es perfectamente entendible y sano liberar nuestro dolor mediante el llanto, por ejemplo. Habrá gente que no lo entienda y que crea que una mascota “es sólo un animal”. Alejémonos de estas personas, pues no tiene caso discutir y nos harán pasar un rato amargo.

Podemos, en principio, decidir qué hacer con los restos: cremarlos o enterrarlos. Esta última opción es viable cuando se dispone de jardín y si nuestra mascota no falleció de alguna enfermedad infecciosa; se puede entonces realizar una pequeña ceremonia (colocar flores en la tumba y decir algunas palabras). En el caso de la primera opción existen crematorios exclusivos para mascotas: ya sea con nuestro veterinario o con alguna facultad de veterinaria podemos obtener informes; en este caso se nos entrega una pequeña urna con las cenizas de nuestro amigo animal. De nosotros dependerá el conservarlas en un lugar específico o de esparcirlas en un lugar que tenga un significado especial tanto para nosotros como para la mascota que ha partido. Si lo deseamos, al inicio podemos escribir un pequeño diario con pensamientos, reflexiones o poemas, como el que se muestra en el recuadro y que compartió una de las personas de la encuesta: será de mucha utilidad dejar escapar el dolor mediante la creatividad. El ejercicio es también recomendable: las caminatas largas nos sirven de mucho.

Asimismo, se recomienda hablar con personas sensibles a nuestro dolor e incluso se puede recurrir a un “cementerio virtual” (hay varios en internet) no sólo para recordar a nuestra mascota, sino para contactar a personas que han pasado o estén pasando por el mismo trance.

Es normal deprimirse los primeros días o semanas, pero si es algo tan fuerte que no podamos sobreponernos después de más de dos o tres meses, es aconsejable acudir con un terapeuta para superar la pérdida.

Algo que sugirió la mayoría de los encuestados fue que después de la etapa de duelo, no nos cerremos y abramos las puertas a otro animalito. Es importante que sepamos que es imposible reemplazar al anterior (y no es sano pensar así), sino que como alguien dijo: “el amor (hacia este nuevo animalito) no es más grande que el anterior, sino que simplemente es diferente”. Pensémoslo así: siempre habrá alguien que necesite de nuestro amor y cuidados, así que ¿qué mejor manera de honrar la memoria de ese animalito que ha partido que dar ese amor que tenemos reprimido a alguien que lo necesita? Hay tantos y tantos animalitos sin hogar que no debemos dejarnos llevar por nuestro egoísmo y demos una oportunidad a alguien más.

Otra cosa que podemos hacer es ayudar a otros animalitos en desgracia. Hubo un testimonio de alguien que pasó por la trágica experiencia de ver cómo su animalito era arrollado y tuvo que levantar sus restos de la calle. Esto sirvió para que pensara en todos aquellos que habían corrido la misma suerte y que nadie los levantaba ni lloraba por ellos. Fue así que decidió unirse a un grupo animalista para ayudar a perros y gatos en desgracia.

Por otra parte, no olvidemos que el tiempo (y lo que hagamos con este), es lo que siempre nos ayudará para superar una pérdida.

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Un recuerda para Terry, Nena, Pituca, Pantera, Gatitc, Pulgarcita y Cone.



A Tota: por inspirarme a hacer lo correcto
.
 

Nuestros amigos infinitos

Antes de finalizar, quisiera agradecer a todas aquellas personas que gentilmente accedieron a colaborar con este artículo, el cual está dedicado a sus animalitos que se han ido, incluidas todas aquellas otras personas de otras partes del mundo cuyas mascotas han fallecido, pero principalmente, está dedicado a honrar la memoria de todos aquellos animalitos que mueren de forma anónima en polvorientas carreteras, albergues saturados, azoteas descuidadas, transitadas calles, rincones innombrables o maltratados por la gente (sean de la especie que sean). Ellos no eran “animales de nadie”, sino que creo que son de todos nosotros: todos ellos ya no sufren más las penurias de este mundo y deben existir en un lugar mucho mejor. Debemos pedir porque así sea.

Nos corresponde entonces honrar su memoria, y una manera es recordándolos en estas fechas. Otra forma de hacerlo es siendo buenos no sólo con nuestras mascotas, sino con los animales en general: debemos enseñar a quienes nos rodean, sobre todo a nuestros niños, a dar un trato digno a los animales y eso debe empezar por nuestros propios actos.

Algo importante: nunca dejemos a una mascota, pues podría morir de tristeza, y si tenemos niños, no “regalemos” o sacrifiquemos a sus mascotas a escondidas: el dolor que podemos causar puede durarles toda la vida. Por último, algo que sugirió uno de los encuestados fue el tomar fotografías de nuestros amigos animales mientras están con vida: uno nunca sabe cuándo podrán partir y quizá no haya una imagen para recordar cómo eran.

Yo tengo la plena seguridad de que todos nuestros amigos animales que han partido, no importa si eran perros o no, nos estarán esperando algún día frente al río, como aquel xolozcuintle prehispánico, y lo harán paciente y amorosamente y nos ayudarán a cruzarlo para llegar al más allá, cualesquiera que este sea, para poder estar junto a ellos y no separarnos jamás.

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  UN TRIBUTO  
 
 
 
 

A Lobo: porque siempre estuviste conmigo

 

A mis Conejitos y Cuyita, siempre en mi corazón

 

A Pitter y a Coco: por todos esos hermosos años juntos.

           
 
 
 
 

A Tuter: siempre estarás conmigo

 

A Pecas: a quien quise muchísimo

 

Matías, rey bassetero 2005. En tu noble memoria

           
 
 
 
 

A mis maravillosos pequeños, con cariño

 

A Chiquita por su inmenso amor.
A Tom, mi gatito querido

 

A Pituka, Zuky, Candy y Milky, por todo el amor que nos dieron

           
 
   
 

Camila, mi princesa, todo esto es gracias a la inspiración que me dieron tus ojos y tu amor. Gracias por todo lo que me diste, por todo lo que me enseñaste, siempre estarás en mi corazón y en mi recuerdo. Te amo por siempre.

 
           
 
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