LO QUE PASA CUANDO MUERE EL DUEÑO DE UNA MASCOTA
Por: Mayra Cabrera

       
 

• El Ciclo que se cierra

• ¿Realmente somos previsores?

• Nuestras mascotas: los dolientes silenciosos

• Preparando nuestra partida

• La elaboración de nuestro testamento privado

• Preparándonos con antelación

• ¿Y si no quiero encargarla a alguien?

• ¿Qué ocurre si yo soy elegido para cuidar a una mascota?

• Nunca lo abandonen a su suerte o se lo entreguen a cualquier persona

• Es momento de partir

• Resumen

 

CUANDO MORIMOS: UN VÍNCULO QUE SE ROMPE.

Para aquellos que hayan visto o mejor aún, leído la saga de El Señor de los Anillos, recordarán a dos razas ahí mencionadas: los Hombres y los Elfos. De los primeros no hay mucho que explicar, pues nosotros somos sus descendientes, pero de los segundos se menciona que son seres hermosos y sumamente longevos, al grado tal que “los hombres mortales condenados a morir”, como dice uno de los poemas de esta obra, viven infinitamente menos en comparación al prolongado periodo de vida de un elfo, quien nos parecería casi inmortal. Puede entonces hacerse un símil si comparamos el tiempo de vida de nuestras mascotas y la nuestra.

En este caso nosotros seríamos una especie de elfos con relación a nuestras mascotas, en particular los perros y los gatos. Aún cuando conozcamos casos extraordinarios de animales de compañía longevos, no se acerca ni con mucho al estándar de vida humana. Mientras que un humano puede vivir hasta poco más de 90 años (salvo pocas excepciones), un perro o un gato no suelen vivir más de trece o dieciocho años (salvo otras muy pocas excepciones), lo cual representaría la cuarta o hasta sexta parte de la vida de un humano.

Esto significa que nuestros amigos animales están a nuestro lado por muy poco tiempo, eso sin mencionar a otras especies como los roedores, cuyo periodo de vida es más corto aún (entre dos y diez años). Y es triste para nosotros el hecho de admitir que mientras nosotros continuamos con nuestro trajinar diario, nuestras mascotas crezcan y envejezcan en cuestión de meses y mueran pocos años más tarde.

     
     

El Ciclo que se cierra

Volviendo a la novela de El Señor de los Anillos, ahí también se menciona que a pesar de su longevidad, los Elfos son mortales. Y lo mismo ocurre con nosotros: no sabemos si el día de mañana e incluso hoy mismo nos ocurra algún accidente o alguna otra circunstancia violenta y muramos. O que nos enfermemos y no exista cura posible a nuestra enfermedad y sucumbamos. Cualquiera que sean las causas, estamos expuestos a morir en cualquier momento. Y sin afán de ser fatalistas debemos pensar hoy en lo que pueda ocurrirnos después.

Es posible que muchos de nosotros hayamos pensado en esto alguna vez y que hayamos adquirido un seguro de vida, o que incluso estemos pagando a una agencia de servicios funerarios con anticipación en caso de nuestro deceso. Habrá otros previsores que incluso ya hayan hecho un testamento. Pero sabemos también que es mucho más probable que la inmensa mayoría de nosotros evitemos pensar en cosas tan funestas y no tengamos ningún preparativo.

¿Para qué preocuparse de esas cuestiones? ¿Acaso no sería casi como invocar a la muerte?

No es así. Es simplemente el estar preparado y preparar a nuestros seres queridos respecto a esta certeza irrevocable que es morir, ya sea dejando nuestros documentos en orden (incluyendo propiedades, si es que las tenemos) e incluso pagando por anticipado nuestro funeral. Pero, ¿esto también

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¿Realmente somos previsores?

Durante el año de 2004, se realizó una encuesta en algunos foros animalistas de Yahoo grupos de internet (Al Rescate Perruno, el Club de Bassets de México y el Foro de los Basseteros sin Fronteras, de Argentina), así como a personas varias, respecto a que si habían pensado en qué ocurriría con sus mascotas en caso de que ellos como dueños fallecieran. Admirablemente la inmensa mayoría dijo que ya lo había considerado y sólo unas pocas personas (ocho de un total de sesenta), dijeron no haberlo pensado antes.

Por lo mencionado al inicio (los periodos de vida de mascotas y personas), suele preocuparnos más el hecho de perderlas a que nosotros muramos primero, así que aún cuando más de cuarenta personas dijeron haber pensado en cómo resolver esta cuestión (a quién dejarles sus animalitos), se dejó entrever en muchas respuestas que como ellos (los dueños directos) aman y cuidan a sus mascotas, automáticamente su pareja y su familia también lo hacen. Y temo decir que no siempre es así.

Reflexionemos un momento: ¿quién se encarga de asear, alimentar, recordar en desparasitar y vacunar a nuestra mascota, bañarla y llevarla a pasear? Es muy probable que sólo lo haga una persona (el dueño), y que en contados casos lo hagan también otros miembros de la familia. Si esta es nuestra situación, cuidado: esto significa que la salud y el bienestar de nuestro amigo animal dependen enteramente de uno. Que sin nosotros no sobreviviría o que en dado caso su vida podría cambiar drásticamente el día que nosotros faltemos.

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No sabemos cómo vayan a reaccionar hasta que fenezcamos, pero al menos podemos tomar algunas medidas para prepararnos (y prepararlos a ellos y a nuestra familia), cuando eso ocurra.

 

 

Nuestras Mascotas: Los Dolientes Silenciosos

Imaginemos ahora que ya no estamos en este mundo. Nuestra familia y amigos están tan desolados que posiblemente ni siquiera se acuerde de nuestra mascota. A ésta nadie le avisará que ya no vivimos más y aún así será difícil explicárselo. No sabemos si alguien se acordará de darle de comer o de verificar si tiene agua. Posiblemente ni siquiera le permitan entrar en nuestra habitación, permanezcan ahí o no nuestros restos. Puede ocurrir que durante todo ese ir y venir de los preparativos del funeral, la hagan a un lado y que hasta se molesten si trata de llamar la atención de los demás para jugar. En el peor de los casos, puede ocurrir que por descuido alguien deje la puerta abierta y nuestra mascota escape.

Nuestro amigo animal se convierte en un doliente silencioso, y más si no es reconfortado mientras todo ese vendaval llamado muerte termina de pasar. Es distinto con cada uno, pero tarde o temprano nuestros amigos animales se percatan de que no regresaremos a casa. Algunos esperarán paciente o impacientemente a que en dado momento abramos la puerta, otros dejarán de comer (sobre todo si somos los únicos que los alimentamos) y no faltará el animalito que se deprima y permanezca echado todo el tiempo, quizá en los sitios donde solíamos pasar más tiempo dentro de casa. Por supuesto, también habrá aquellos que rápidamente se adapten a nuestra ausencia y sigan con su rutina de siempre. Pero lo que sí creo es que todos pasan por un periodo de duelo.

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Preparando nuestra partida

Es bueno saber que la mayoría de los encuestados cuentan con el apoyo de su familia para hacerse cargo de sus mascotas en caso de que fallezcan. Pero no es suficiente con platicarlo, sino de establecer por escrito algunas pautas a seguir.

Hace algunos meses transmitieron en el programa de Salud y Humanidades de la estación Alterna Radio (de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, 106.1 FM, de Cuernavaca, Mor. México), una serie de emisiones sobre Tanatología, enfocándose principalmente a aquellas personas que padecían una enfermedad terminal y cómo debían prepararse tanto ellos como sus seres queridos. Mencionaban que la ventaja de una situación así consistía en que ambas partes tenían la oportunidad de platicar, subsanar heridas pasadas y finalmente, despedirse con antelación, cosa que no puede darse cuando se trata de una muerte imprevista.

Esto es algo que nosotros podemos hacer, no tanto el despedirnos, sino el dejar nuestros pendientes en orden para el día en que faltemos y facilitar así la vida de aquellos a quienes dejamos atrás. Independientemente de las cuestiones legales (testamentos, por ejemplo) y otros trámites (como los funerarios), debemos también pensar en las cosas pequeñas, que también son importantes.

En el citado programa radiofónico la tanatóloga hizo una propuesta muy interesante: hacer un escrito con nuestro puño y letra en el que manifestemos no sólo nuestros sentimientos hacia nuestros seres queridos (una especie de catarsis), sino de que hagamos un apartado especial para indicarles a ellos qué hacer con nuestras posesiones, como serían ropa, libros, discos, diversos artículos personales y todo aquello que hayamos acumulado y/o atesorado durante nuestra vida. Quizá decidamos legar nuestra colección de estampillas a alguien de la familia que siempre admiró la filatelia, o tal vez decidamos legar nuestra ropa a la beneficencia. Todo esto es muy interesante porque con ello quitaríamos un peso de encima a nuestra familia, quien muchas veces no sabe o no se decide qué hacer con nuestras cosas.

Al escuchar esto me pareció magnífico porque partiendo de esto podemos entonces heredar nuestras pertenencias y llegar así al renglón de nuestras mascotas. Pensé entonces en que en este tipo de “Testamento Privado” debemos pensar bien qué destino les espera a nuestros amigos animales que ahora comparten su vida con nosotros. No es necesario atravesar por una situación límite como lo sería una enfermedad terminal, sino que ahora que estamos sanos y en pleno uso de nuestras facultades podemos pensar seriamente en el destino de nuestros queridos animales si es que nosotros nos adelantamos a ellos.

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La elaboración de nuestro testamento privado

No es necesario que sea un documento excesivamente formal y tiene la ventaja de que tampoco es necesario llevarlo ante un notario, ya que es de carácter estrictamente íntimo y personal. Lo que sí es importante es informar a nuestros seres queridos de la existencia de dicho documento para que sea leído cuando ya no estemos en este mundo.

El decálogo previo. Cada quien debe decidir de forma personal a quién dejará sus posesiones (plantas, ropa, libros, juguetes de colección, etc.), pero debe pensar cuidadosamente en la persona a quien va a dejar encargada a su mascota. Esta decisión es la más importante de este testamento porque estamos encargando a un ser vivo que siente. Aunque sea fácil decir “a mi pareja”, “a mis hijos”, “a mis padres”, debemos tomar en cuenta los siguientes diez puntos:

  1. ¿Puede esta persona, de acuerdo a su edad, encargarse a nuestra mascota?
  2. ¿Cuenta esta persona con espacio suficiente para tener a un animalito?
  3. ¿Cuenta con los recursos para mantenerlo?
  4. ¿Cuenta con la paciencia necesaria para volver a entrenarlo sobre dónde hacer sus necesidades? (si el animalito cambia de casa)
  5. ¿Cuenta con tiempo para jugar y sacarlo a pasear?
  6. ¿Dispone de tiempo y ánimos para bañarlo, peinarlo y acariciarlo?
  7. Si ya tiene otra (s) mascota (s), ¿se llevará bien con la nuestra o será un completo desastre?
  8. ¿Le dará un buen lugar para dormir y guarecerse o simplemente la enviará al patio trasero, o peor aún, a la azotea?
  9. ¿El resto de la familia de esta persona (en el caso de que se la dejemos a alguien fuera de nuestro núcleo familiar) está de acuerdo en aceptar a nuestra mascota? ¿Alguien de ahí es alérgico a los animales?
  10. Y lo más importante: ¿realmente esta persona ama a nuestra mascota o simplemente la tolera y acepta porque teme causar una mala impresión a nosotros?

Las preguntas anteriores no son fáciles de responder, y tenemos que ser bastante honestos con nosotros mismos para hacerlo, porque de nosotros depende enteramente el destino de nuestro animal, estemos vivos o no.

Eligiendo a la persona adecuada. No olvidemos que nadie es perfecto, así como ser realista y tampoco pasar por alto el hecho de que es casi imposible que alguien trate exactamente a nuestra mascota como nosotros la tratamos. Y esto no significa que dicha persona sea incapaz de darle los cuidados y el amor que merece.

El decálogo anterior nos tiene que servir para escoger o incluso descartar a ese gran número de candidatos que inicialmente hemos elegido para que adopten a nuestra mascota. No es posible, por ejemplo, encargarla a nuestro amigo que ama a los animales, pero que por motivos de trabajo tenga que ausentarse de casa por largos periodos de tiempo (a excepción de que pueda a su vez encargarla con gente confiable o en última instancia, buscar una pensión confiable mientras no está), o que se la demos a nuestro hermano cuyas mascotas nunca se han llevado con las nuestras y que esté esperando a su segundo bebé, o que la encarguemos a nuestros hijos, quienes aún cuando la quieran, sabemos que por una u otra razón no estarán capacitados para cuidarla. O incluso el simple hecho de que si pensamos en nuestros padres ellos carezcan de los recursos suficientes para mantener a un animal.

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Preparándonos con antelación

No basta con seguir las instrucciones aquí indicadas, sino que también hay otras medidas que podemos tomar en caso de que faltemos. Como lo expresó casi la totalidad de los encuestados, lo más probable es que su (s) mascota (s) se quede (n) con la familia, lo cual es algo muy bueno.

Es importante entonces que, siguiendo una cultura de la prevención y posesión responsable de mascotas (objetivo principal de esta organización, CAESPA, AC), todos los miembros de la familia sepan cada cuándo alimentar a la mascota, así como estar al tanto de su salud en general (se puede platicar a la hora de la comida, o en un momento en que todos estén reunidos y relajados, acerca de cuándo toca la siguiente desparasitada o vacunación). Sería deseable que todos se turnaran para alimentar, pasear, jugar y llevar a nuestra mascota al veterinario (hay que ingeniárselas para que no sea una obligación, sino una actividad familiar). Una sugerencia útil consiste en tener ordenados en una carpeta el historial médico de nuestra mascota: cartilla de vacunaciones, estudios realizados e incluso las recetas del veterinario.

Para que todos participen del cuidado de la mascota y no se vuelva un martirio, no debemos caer en el error de “antropomorfizarla” : el darle un trato y un lugar por encima de nuestros seres queridos traerá como consecuencia que ellos opten por no interesarse, o peor aún, que odien todo lo concerniente al animal de la familia. Por ello, todos los miembros deben estar al tanto del cuidado y necesidades de la mascota, porque suele ocurrir que solamente una persona, el dueño, es quien se encarga de ésta y cuando falta, nadie sabe qué hacer.

La familia cambia. No olvidemos también que la vida sigue y que nuestra pareja puede contraer nuevas nupcias y no sabemos si a su nueva pareja le gusten los animales. Para ello hay que estar bien conscientes de si ambos compartimos el gusto por los animales o simplemente nuestra pareja nos da por nuestro lado y tolera al animal sólo por complacernos. Esto puede ser trascendental si en un futuro rehace su vida con alguien más.
Respecto a los hijos ocurre algo similar: tarde o temprano harán sus vidas y deberán decidir quién se queda con la mascota de la familia. Tendrán sus parejas y quizá ocurra lo que antes se ha descrito: que a su pareja no le gusten los animales o al menos no nuestra mascota. Incluso puede ocurrir el caso de que debido a sus estudios se muden a otra ciudad y no puedan llevarse consigo al animalito.

Todas estas son situaciones hipotéticas que no deben quitarnos el sueño, pero que en dado caso pueden ocurrir y debemos considerar. Para ello debemos siempre tener un segundo candidato que esté fuera del núcleo familiar.

Para mayor información, leer el artículo llamado “Mi perro, ¿mi niño?” que está en la sección correspondiente de la página de CAESPA, AC. www.alrescate.org

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¿Y si no quiero entregarla a nadie?

En las respuestas hubieron varias personas quienes consideraron que nadie más que ellas se harían cargo de su amigo animal, y que en caso de fallecer ellos, preferirían que se durmieran (recurriendo a la eutanasia) y que incluso, se cremaran juntos.

Esto es una cuestión meramente personal y que debe meditarse con cuidado, porque debemos pensar en si realmente no es egoísmo puro el que nos guía. Efectivamente nadie le va a dar exactamente el mismo trato que nosotros, pero eso no significa que alguien más pueda amar a nuestra mascota en igual o mayor medida (e incluso cuidarla mejor). Un animal merece una segunda oportunidad de vida, porque como manifestó uno de los encuestados: “¿quién puede asegurar que mis mascotas no se adaptarán al nuevo dueño?”

Esto, aunque nos duela, puede ocurrir. Precisamente en estos momentos estoy viviendo una situación similar. No, nadie se ha muerto, pero me han encargado por varios días a una perrita que es muy apegada a su familia. Su dueña, quien también participó de la encuesta, aseguraba que este animalito, en caso de no estar cerca de ella, de seguro se deprimiría terriblemente y tal vez moriría de pena… Y esto no ha ocurrido, sino al contrario: se ha adaptado rápidamente a mis otros perros y en un par de días se acopló a la rutina de la casa. Aún cuando extrañó el primer día (miraba de continuo hacia la puerta) y está atenta al sonido de las alarmas de los coches (el de su dueña la tiene), se le ve, me atrevería a decir, feliz y despreocupada.

La otra cara de la moneda. Pero lo narrado antes no ocurre necesariamente en todos los casos. Una de las encuestadas me contó una historia triste. Sucede que un amigo suyo tuvo que ausentarse durante un mes y justo un día antes de volver de su viaje, su pastor alemán murió esperando verlo llegar. Ella asegura que a este perro no le cambiaron la rutina en lo absoluto, pero que a pesar de los esfuerzos de la familia, el lazo que tenía con su dueño era tal que se deprimió hasta morir de tristeza.

Estos son dos casos a tomarse en cuenta. Debemos entonces meditar bien si, en caso de que faltemos, pidamos que nuestros queridos animales nos acompañen en el más allá. En este caso, lo que puede hacerse es que se creme por separado al animalito y luego juntar las cenizas de ambos, dueño y mascota en su lugar de reposo final. O incluso esparcir las cenizas de esta sobre la tumba de su amo.

Y sea cual sea nuestra resolución debemos dejarla clara y por escrito en nuestro Testamento Privado.

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¿Que ocurre si yo soy elegido para cuidar de una mascota?

Para empezar tomemos en cuenta de que quizá el día de hacernos cargo de la mascota de nuestro amigo, hermana, padres, etc., tal vez nunca llegue. Y si ese día llega, tengamos la confianza suficiente como para decir “no” al dueño si somos elegidos y no estamos seguros de tomar tal decisión.

En caso de que ya no viva y de que en último minuto, por motivos personales o familiares, no podamos o queramos hacernos cargo del animalito en cuestión, recurramos al otro candidato para pasarle la estafeta. Si tampoco puede o quiere (porque quizá en ese momento su vida es muy distinta a cuando aceptó), propongan a una tercera persona, y paralelamente busquen un hogar mediante protectoras y asociaciones como ésta. Si optan por esta resolución, tomen en cuenta que hay tal demanda de hogares que el proceso puede durar meses y por mientras el animalito no puede quedar a su suerte, además de que mucha gente se resiste a adoptar a un animal que quizá es adulto. Deben entonces pensar en quién lo cuidará en lo que se le consigue un hogar bueno y definitivo.

Si han pensado en un albergue con la idea de que es una especie de santuario o casa de reposo, olvídenlo: estos lugares suelen estar saturados, a veces con carencias y limitaciones y el encierro en un lugar estrecho no es una buena opción para un animal que era de casa. En el último de los casos (sobre todo si así lo expresó la persona fallecida), opten por dormirlo y esparcir sus cenizas en la tumba de su amo.

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Nunca lo abandonen a su suerte o se lo entreguen a cualquier persona

Si por el contrario, aceptamos de buen grado a este nuevo miembro en nuestra familia (no importa que Uds. no la tengan: ahora serán una familia de dos), leamos la Guía que el dueño fallecido ha dejado y compremos lo que haga falta (croquetas o medicamento si es que está en tratamiento). Tomemos los objetos del animalito (recipientes de agua y comida, juguetes, correa, camita) y acomodémoslos en nuestro hogar. Si tenemos más animalitos, verifiquemos que se lleven bien con ellos (a menos que ya se conozcan y no haya problema): pongámosles sus correas y con ayuda de alguien, juntémoslos en un lugar neutro verificando que se identifiquen sin llegar a pelearse. Elijamos un día de descanso para evaluarlos de forma continua por si hay conatos de pleito. En este proceso hay que ser pacientes. Si tenemos dudas, por favor acudamos a un etólogo experto para pedirle consejo. Importante: si tenemos mascotas pequeñas, pongámoslas lejos del alcance del nuevo animalito (aves, roedores, reptiles) para evitar tragedias. Lo mismo si es al contrario.

Estemos al pendiente del apetito y estado de ánimo del nuevo miembro de la familia. Tratemos de seguir las rutinas indicadas en la Guía y sobre todo incorporémoslo de inmediato a nuestro núcleo familiar. Una indicación: es importante que se sienta querido, pero no descuidemos a nuestras propias mascotas que pueden encelarse y agredir al recién llegado.
Si el animalito seguía un tratamiento y el dueño escribió la Guía antes de que su mascota enfermara, llamemos al veterinario para estar al tanto de su enfermedad, tratamiento y cuidados.

No hay que olvidar tampoco que esta nueva mascota generará gastos (comida, medicinas, imprevistos), así que no nos apenemos y si nos vemos apurados, pidamos ayuda económica al resto de la familia al menos mientras se regulariza nuestra economía. Una de las personas que participaron en la encuesta hizo una sugerencia valiosa: el ahorrar o guardar con antelación una cierta cantidad de dinero destinada.

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Es el momento de partir

Como mencionaba páginas atrás, imaginemos de nuevo que hemos pasado a mejor vida. Para evitar que nuestro amigo animal sea un “doliente silencioso”, escribamos también en nuestro Testamento Privado lo que desearíamos que ocurra en esas primeras horas. Aunque nuestra familia quizá no lleve a cabo nuestra voluntad y piense que es una locura (lo que se propondrá a continuación se deja a consideración del lector), quizá sería conveniente que nuestra mascota se acerque a nuestros restos para que sepa que hemos partido y que no regresaremos más (es más fácil si el deceso ocurrió en casa).

Otra cosa que se sugiere (muy importante) que alguien de la familia se haga cargo de nuestra mascota: debe alimentarla y verificar que tenga agua. Si el velatorio ocurre en la casa, se debe encerrar a la mascota en un lugar que no cause destrozos, para evitar que muerda o quiera jugar durante la ceremonia y, sobre todo, que no escape en un descuido, ya que es normal que en tales situaciones la puerta principal esté abierta. No se recomienda encerrarla en el baño, pues todo mundo querrá usarlo. Si el velatorio tiene lugar en una agencia funeraria, hay que cerrar bien la casa para que tampoco escape. Otra opción es encargarla durante todo ese trance con algún familiar o amigo, de preferencia en su casa. Si somos nosotros familiares o amigos del difunto, ofrezcámonos a cuidar de los animales: la familia apreciará con mucho este gesto.

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Resumen

No sabemos qué nos depara el mañana. Aún cuando es más factible que nuestras mascotas mueran antes que uno, hay que estar preparados por si ocurre lo contrario. A continuación los puntos clave citados en este artículo:

  1. Elaborar un Testamento Privado: un documento de nuestro puño y letra (o a máquina o en computadora) y escribir lo que deseemos escribir a nuestros amigos y seres queridos. Esto es opcional y personal.

  2. Indicar en el mismo a quién se entregarán nuestros efectos personales (ropa, plantas, libros, discos, colecciones varias, etc.). En el caso de bienes inmuebles, hacer un testamento aparte ante un notario.

  3. Escoger de acuerdo al decálogo antes citado a por lo menos dos personas que puedan encargarse de nuestra mascota y hablar con ellas.

  4. De preferencia una de ellas no debe pertenecer a la familia (un amigo), porque la vida sigue y no sabemos si nuestra pareja rehaga su vida, por ejemplo.

  5. Elaborar una Guía de cuidados para la persona encargada: fechas de vacunación, desparasitación, cosas que agradan y desagradan a nuestra mascota, alimentación y horarios, etc.

  6. Prevención: hacer partícipe a toda la familia respecto al cuidado de la mascota (alimentación y visitas al veterinario, por ejemplo)

  7. Si no queremos entregarla a nadie, recurrir a la eutanasia para que sus restos estén con los nuestros. Meditemos bien esto: aunque hay perros que se deprimen ante la muerte de su dueño, otros se adaptan muy bien a familias y circunstancias nuevas.

  8. Si nosotros somos elegidos como nuevos tutores: rechazar el ofrecimiento si no podemos. Si el dueño ya falleció buscar alternativas (no un asilo y menos un antirrábico). Si nadie más desea adoptarlo, considerar la eutanasia del animalito.

  9. Si estamos de acuerdo en adoptarlo, incorporarlo de inmediato a la familia y apegarnos a la Guía. Pedir ayuda (económica, por ejemplo), a otros, si es necesario. Se vale recurrir a un etólogo (experto en conducta animal) si hay problemas de acoplamiento.

  10. Expresemos por escrito (en el Testamento Privado) si deseamos que nuestro animalito vea nuestros restos para asimilar así la pérdida. Si nosotros somos los dolientes, ofrecernos a cuidar de la mascota mientras dura el velorio, preparativos y entierro.Este artículo es extenso, sin duda, pero quise abarcar todas los valiosos comentarios e inquietudes que se manifestaron en las respuestas de aquellos que gentilmente contestaron el cuestionario. Gracias entonces a ustedes por hacer posible esta propuesta. Espero que nadie tenga que pasar por una circunstancia como esta, pero como alguien de los encuestados citó: "La muerte esta tan segura de ganarnos, que nos da toda una vida de ventaja". Pero esto tampoco debe deprimirnos, porque otra de las personas que colaboraron en la encuesta dijo la siguente frase que es el cierre perfecto de este escrito: Tener a la mascota de alguien querido fallecido es como seguir teniendo a esa persona cerca.

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